El Vacío (Parte 1)
El vacío desgarrador…
En 2016, después de 3 años de trabajo interno (ese comienzo más consciente de regresar a mi), la incomodidad en mi vida se hacia cada vez mas intensa. Mucho de lo que hacia en mi vida ya no me llenaba, quería cambiarlo todo, mi trabajo, mis relaciones, a mi misma. Sin embargo, el solo hecho de soltar lo que siempre había hecho, me estremecía de miedo. Un miedo que no entendía, que me llenaba de frenos.
Durante los primeros meses de ese año hice mi primer constelación familiar, donde se revelo mi herida de rechazo principal. Luego decidí hacer mi primer retiro de Vipassana, el cuál fue maravillosamente transcendental, pero también se despertaron recuerdos y sensaciones en mi corazón que terminaron siendo una puerta para el re-descubrimiento de un gran trauma de mi niñez (hablare de esto más adelante).
Durante el retiro, mi corazón no dejo de latir potentemente por 10 días, y no era un tema de salud física, era una impresión mental (samskara). Y semanas después de mucho movimiento energético y emocional, hice una intención para saber a nivel consciente, que era ese movimiento en mi corazón. Días después, sucedió un activador potente en una relación y llegó, lo sentí. Esto fue lo que escribí luego de estremecerme en llanto por un par de horas:
Hoy después de mucho, mucho tiempo volví a sentir ese gran vacío que me ha acompañado toda una vida, ese vacío que sentí en mis depresiones (de adolescente), ese vacío que me drena, que me debilita, que me paraliza y que bota todo mi ser.
No sé si solamente es soledad; o la soledad es un atributo, entre otros, de ese gran vacío.
Pero si, ese sentimiento de soledad doloroso que nunca me ha gustado reconocer, es el que me arrancó el alma hoy. Le tengo miedo, porque sigue allí. Por qué no pensé volverlo a ver, o al menos no de esta manera descontrolada.
Es muy pesado, lo llore intensamente… ese vacío pesa. No importa las lágrimas que llore, me invade y me consume la vida, no me deja existir. Me volvi a sentir sin remedio, sin solucion, perdida y derrotada, con el más negro panorama frente a mi, como que me va a dominar por siempre.
Este vacío me detiene, me hace pensar que no valgo, que no puedo, me dice: “no te movas, no busques cambios, no probes nada, yo me vine a quedar.”
Ese vacío me hace temerme a mí misma, me hace creer que no soy capaz de querer nada, por qué nada tengo, por qué estoy sola.
Aunque fue desgarrador, lo vi con mucha consciencia, lo sentí, lo observe y empece a aprender de ese vacío que nunca entendí y que deseaba que nunca regresara. Comencé intuitivamente a hacer trabajo de sombra y de niño interior, inspirada por lo que decía Carl Jung: “Uno no se ilumina imaginando figuras de luz, sino haciendo consciente la oscuridad”
Los siguientes meses de ese año fueron los más difíciles y maravillosos de mi proceso de crecimiento personal. Con una auto hipnosis fui a la búsqueda de mi oscuridad, le di la bienvenida, empece a reconocer su naturaleza, y poco después, se reactivo una fobia a la oscuridad de la noche que tuve en mi niñez más temprana (era necesario que saliera lo reprimido).
Me sentía sola y sin control, y solo con una voz interior que me decía que lo lograría pero que nadie más podría ayudarme ese momento, solo mi fe y entrega al proceso. Tres meses después de vivir en pánico por las noches y no dormir bien, de darle amor a mis miedos, a las sombras y demonios internos, la alquimia empezó a hacer efecto. Un día cuando ya estaba muy cansada le grite a mi alma, “ya! ya no puedo más, es suficiente, enséñame!” Y de golpe, la memoria de haber sido víctima de maltrato infantil, resurgió. Sentí el dolor reprimido de esa experiencia y esa misma noche la fobia dejo de ser.
Entre la edad de 3 a 4 años, después de la separación de mis padres, y sus ausencias por trabajo y sus propias crisis emocionales, estuve al cuidado de una niñera que me maltrataba de maneras humillantes, y fisicamente y emocionalmente amenazantes. Es difícil dar muchos detalles, los recuerdos son vagos, hay algunos que me los terminó revelando mi madre y otro familiar que supo lo que me pasó. Mi madre detuvo todo cuando lo descubrió, cargando esa culpa casi de por vida; mientras en mi se adormecía el dolor, miedo y resentimiento por no haber sido protegida. Se guardo en mi subconsciente, hasta que 26 años después lo pude sostener.
Sanar este trauma ha sido un camino de muchos niveles, que aun al día de hoy sigo descubriendo más capas de enojo, miedo, comprensión y perdón; más la conexión trans-generacional heredada y mi propia lealtad al dolor familiar. Pero lo más hermoso fue el encuentro con la parte de mi alma, que tiene una compasión y fuerza interna infinita que me ha guiado siempre, y que me ayudó a atravesar todo esto.
No volví a sentir ese vacío tan intensamente. Con los años he sentido lo que queda en menores dosis, o la sombra que aun teme que el dolor nos puede controlar otra vez. Pero ahora este vacío se encuentra con la resiliencia y capacidad de sostén emocional que comencé a desarrollar ese año. Hay una Tania que sabe que ya puedo sobrellevar el dolor y que siempre pasa, que tengo la herramientas, personas y mi propia alma que me sostienen.
El 2016, hace diez años ya, transformó todo lo que soy ahora, y me entregó un proceso y capacidad para hacer un trabajo profundo emocional y poder ayudar a otros a sostenerlo. Por eso dicen que en la herida esta la medicina. Necesité atravesar todo esto para dedicarme a mi vocación actual, y entender que todo tiene un propósito en la vida.